Interés General

Hacia una nueva muerte: «Entierros Verdes»

Imagina tras tu muerte ser enterrado en un bosque, en un ataúd biodegradable, sin lápidas mortuorias y junto a un río que fluye alegremente. Que tu familia pueda visitarte no en un frío y tétrico cementerio, sino en un bosque natural lleno de vida. Esos son los llamados «Entierros Verdes», que poco a poco van prefilándose como alternativas a la inhumación tradicional, renovando el concepto de muerte de nuestras sociedades.

Los cementerios verdes nacen como una iniciativa ética, ecológica y medio ambientalmente sostenible frente a los usos comunes de la industria funeraria. Las prácticas normales de los entierros consisten en tomar el cadáver y protegerlo/separarlo de la tierra y su corrupción, fabricando los ataúdes en materiales muy resistentes al paso del tiempo, o cremar/embalsamar el cadáver para preservarlo mayor tiempo. Las necrópolis o cementerios están lejos de la ciudad y son lugares fríamente diseñados para que quepan muchos cuerpos. Si bien la cremación es un modo ecológico de deshacerse de los cadáveres, tiene la desventaja de que emite grandes cantidades de humo contaminante (con partículas de monóxido de carbono, metales como mercurio, plomo y cadmio).

Estadísticamente, sólo en USA la industria funeraria tradicional sepulta cada año con sus muertos: 3.130 millones de litros de fluidos (incluido formaldehído), 90.272 toneladas de hierro, 2.700 toneladas de bronce y cobre, más de 30 millones de toneladas de madera, 1.636.000 toneladas de concreto reforzado. (Compilado Estadísticas de Asociación de Ataúdes y Funerales de America, Asociación de Cremación de Norte América, Doris Inc., The Rainforest Action Network y Mary Woodsen, Pre-Posthumous Society)

Todos estos factores están relacionados con nuestro concepto de la muerte, la que si bien se toma como parte de la vida, debe ser aislada de los que están vivos, separada y protegida por grandes muros. La tierra de los cementerios normales es estéril, porque nunca más se utiliza con otro fin.

Frente a este desolador panorama de la muerte, los cementerios verdes son una alternativa que dice relación con una nueva manera de concebir la muerte y de re-utilizar nuestro cuerpo para generar vida. Técnicamente, existen dos tipos de emplazamientos (suelos) para instalar en ellos cementerios verdes:

Suelos de Conservación: cementerios donde se intenta conservar un paisaje o ecosistema -que por lo tanto no pueden cambiarse ni modificarse-. Estos cementerios promueven las prácticas mortuorias sustentables y maximiza el potencial del proceso de descomposición para facilitar la restauración ecológica de paisaje. Siempre están relacionados con alguna organización conservacionista que regule los protocolos funerarios.

Suelos naturales: los que no contemplan conservar el paisaje, pero que deben cuidar de las características y composición del suelo natural, para aprovechar también la potencialidad del proceso de descomposición del cuerpo humano.

De esta manera, los cementerios verdes permiten la reabsorción del cuerpo en la flora, los árboles y arbustos naturales, permitiendo renovar el ciclo de la vida de manera natural, hecho que no se ve interrumpido por lápidas, ni mármoles ni mausoleos. Las personas pasan a formar parte de un bosque, de un paisaje natural que da vida a plantas, árboles, insectos y animales. Los ataúdes de los entierros verdes están hechos de materiales biodegradables (madera liviana, papel o fibras naturales como el mimbre). La tierra de este tipo de cementerios generalmente no está consagrada, pero sacerdotes de cualquier credo o religión pueden bendecir las tumbas individuales. Como lápida, sólo se pueden usar piedras naturales, pero generalmente los familiares del fallecido plantan un árbol en el lugar donde yace el cuerpo.

La iniciativa comienza en Inglaterra, y hoy se pueden contar muchos cementerios verdes en USA, Australia y Nueva Zelandia. Un verdadero ejemplo a seguir para re-transformar nuestro concepto de la muerte, hacer de nuestro cuerpo un elemento útilmente degradado en el medio ambiente, y ayudar a proteger las áreas verdes y los paisajes locales. No puedo decir más que ¡yo quiero una para yacer cuando muera!

Fuentes: ecosofia.org

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Ecosofia.org
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