Interés General

Morir, la muerte, el duelo, el luto y sus rituales.

La crisis provocada por el coronavirus nos ha dejado muchas pérdidas y no solo de
vidas, también de formas de vivir.
Nos cambió la vida y la muerte. Nos transformó drásticamente todos los
procedimientos funerarios, el Morir, la muerte, el duelo, el luto y sus rituales.

El morir y la muerte dejó de ser un ceremonial protocolario familiar. Los cuartos de
los hospicios y las unidades de cuidados intensivos han pasado de ser esos recintos
sagrados en donde se reunían los familiares del moribundo para rendirle tributo a su
ser querido. Lugares donde se les abrazaba, se les tomaba de la mano para brindarles
apoyo en el momento de la transición, o para expresarles amor. Donde Familiares y
amigos silenciosos esperaban su final y su último suspiro.
Ahora ese ceremonial se ha transformado en una fría y dolorosa despedida, los
anteriores protocolos han sido reemplazados por un video chat o conferencia virtual,
donde el médico, una enfermera o un voluntario te enseñan el rostro de tu ser querido,
para que te despidas de él por esa cámara o celular y a partir de ahí, ya no lo vuelves
a ver.
Despedidas frías en medio de extraños, de tubos y bombas de infusión y sin ningún
rostro conocido. y todo por culpa del abominable virus.
Este ceremonial, le corresponde ahora al personal médico, enfermeras o voluntarios de
los hospitales, hospicios o espacios comunes. Son ahora ellos los encargados de dar
ese último adiós, de presenciar esa última mirada o último suspiro. Son ellos, que, por
humanidad, permiten ver el rostro del ser querido, aunque sea a través de la cámara
de un celular. Son ellos nuestros mejores aliados.

El sepelio. Antes del virus, las casas de velación estaban siempre abarrotadas de
familiares, amigos y conocidos para rendir tributo y despedir al fallecido. Ahora solo 10
personas están permitidas y con una silla de por medio, para mantener el
distanciamiento social. Sale el primer grupo de 10 y luego entra el segundo grupo de
igual número de personas. Muchas compañías funerarias, pensando en las familias

numerosas, se han esforzado para ofrecer un mejor servicio con el propósito de no
dejar por fuera del funeral al resto de la familia. Se han ingeniado un sistema de
cámaras en los parqueos para que toda la familia participe del servicio. Los familiares
serán los encargados de elegir hacia donde estarán dirigidas las cámaras, si estarán
enfocadas al féretro, a toda la sala, o a los encargados de dirigir el servicio (sacerdote
o pastor).   
Este tipo de celebración dejará una huella en el doliente, complicando el proceso de la
elaboración del duelo.
El duelo. Un abrazo que era la manifestación de empatía, acompañamiento y apoyo,
ahora no están permitidos por el distanciamiento y miedo al contagio del covid-19.
Esa respuesta personal que cada uno de nosotros hace para enfrentar una pérdida,
también fue reemplazada por una llamada telefónica o mensaje de texto.
El no poder contar con la ayuda o el apoyo de los demás para elaborar un duelo, ha
llevado a muchos al suicidio. 
Rituales.
Todas estas prácticas han sufrido un cambio a nivel local, regional, nacional y a nivel
mundial, sin importar cultura o creencia.
Los ritos funerarios varían mucho en cada país y en cada cultura. Son una expresión
de la diversidad cultural. 
En la sociedad occidental el ritual funerario incluye: velatorio (privado o abierto al
público, donde los familiares y amigos del fallecido lo despiden en cuerpo presente) y
el funeral, (la sepultura o la cremación del cadáver).
El objetivo de los ritos funerarios, es común en todo el mundo, se trata de expresar los
sentimientos de amor y admiración a los seres queridos, con el fin de no olvidarlos.
Los ceremoniales o rituales funerarios, son la base fundamental para la iniciación del
proceso del duelo, ya que enfrentarlo, nos ayuda a reconocer la pérdida.
Este proceso natural se hace más traumático y complicado, cuando no existe un ritual.
El cambio drástico del aislamiento o confinamiento y el no poder estar presentes en
esos últimos momentos, el no poder dar ese último adiós, y el no poder acompañar a
su ser querido al camposanto, el no poder procesar el duelo crea en el doliente efectos
físicos y emocionales negativos, convirtiendo ese duelo en patológico o crónico.
Somatizando un dolor físico que tal vez no existe y que puede generar ansiedad o
ataques de pánico y depresión. De allí la Importancia de implementar el
acompañamiento del duelo en tiempo de crisis.

Ofrecemos una lista de ayudas, que en estos momentos podrían ser de vital
importancia.
¡Debe ser imperativo! Ayude. Hágalo de corazón. Ayude a quienes estén a su
alcance. A quienes quedan atrás. A quienes no cuentan con familia. Sanar el dolor que
se conoce como pérdida ambigua es una tarea difícil. La pérdida ambigua es aquella
que ocurre sin un cierre o comprensión de la misma y esto es lo que prácticamente se
está viviendo, con el COVID-19 que está arrasando con la vida de muchas personas sin
dejar una explicación valedera. ​ Simplemente, «murió de covid”. ​ Este tipo de pérdida
deja a una persona en búsqueda de respuestas y, además, complica y retrasa el
proceso de duelo, resultando a menudo en un duelo sin resolver. 
Y si usted ya cruzó la montaña, ayude a quienes recién empiezan a escalarla.
Conéctese con esas personas que usted cree que necesitan de su ayuda. Empatice con
el dolor de ellos. Ayúdalos a reconstruir el duelo y a redefinir el proceso.
La forma de ayudar a quienes quedan atrás.
Todas las ayudas deben ser mediante apoyo telefónico. Las llamadas podrán ser en
familia o en privado. Permita que la persona llore, no lo interrumpa. Ud. está allí para
escucharlo. Su propósito, dejar que el, (ella) se conecte con la realidad. Ayudar a
reconocer sin opinar; solo escuchar.
Pídale a la persona que elabore una carta para tratar de expresar esos sentimientos
que no pudieron ser expresados a su ser querido en su debido momento.
Es importante cerrar círculos. Cerrar ese ciclo. Escuche esa misma historia en
repetidas ocasiones, deje que la persona que está pasando por ese duelo, le cuente
muchísimas veces la misma historia sobre el fallecimiento de su ser querido. Algunas
personas se niegan a hablar de los hechos, pensando que se hacen daño. Hablar de
ello es etapa de drenacion, camino próximo a la elaboración de las tareas del duelo.
Llame al doliente y déjele saber que, en estos difíciles momentos, puede contar con
Ud. Nada más reconfortante que saber que alguien se preocupa por usted.
Muchas personas que se encuentran en duelo, lo que menos quieren es leer sobre el
tema. Si Ud. está ayudando a alguien a elaborar el duelo tenga en cuenta esto:
Pídale a esta persona que escoja un lugar en su casa y lo nombre, el «Rincón de los
recuerdos». Ese rincón sagrado será el lugar donde pueda honrar a su ser querido.
Hacer un culto de oración en memoria del ser querido.
Elabore una pequeña caja donde guarde fotos, objetos o pertenencias pequeñas de su
ser querido. Ya que no podemos ir al cementerio, este lugar y su caja de recuerdos

podría ser el lugar para llorar o evocar la memoria del fallecido. (esto también está
considerado como etapa de drenacion.
 
Ver morir solo a nuestro ser querido es un hecho traumático, el saber que no pudimos
estar allí para ellos en esos momentos cruciales y recordar que fue solo a su última
morada, es aún más difícil. Todo esto deja una huella que debe ser sanada. ¿Pero que
nos queda? Esperar que todo esto pase, reconstruir el duelo y tratar de redefinir el
proceso.
Mientras esperamos el cambio… Confiar en Dios y esperar con Fe.

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Lucila Canino

EEUU. Soy tanatóloga, comunicadora social y conferencista. Con estudios en cuidados y en medicinas paliativas integrativas en el cuidado al final de la vida. Especialista en acompañamiento y cuidados a pacientes terminales y a sus familiares. Con certificado como asistente de enfermería del Departamento de Salud del estado de la Florida. Miembro de ADEC. Asociacion for Death Education and Counseling.

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