Latam

Un boleto de ida

Hace 22 años que vivo en Uruguay, lejos de mi país de origen, Chile. Hace un par de años no me preocupaba demasiado de mi deceso, mucho menos de lo que ocurriría con mi cuerpo luego del mismo. Trabajando en un Empresa fúnebre es que me dí cuenta de cuánto afecta a la familia la pérdida de un ser querido, más aún a kilómetros de distancia. Pienso que, y ojalá falte mucho para ello, si mi familia tuviera la triste noticia de mi deceso, no solo atravesarían la pena de mi ausencia sino la burocracia de mi sepelio. Me pongo en el lugar de todos los extranjeros y extranjeras, de los mochileros y mochileras, de los turistas y de las familias de todos ellos quienes ya atravesaron la pena del distanciamiento para atravesar la tristeza del fallecimiento.

La repatriación no es un trámite simple, tiene varios pasos además de ser un servicio costoso. Un trotamundos precavido habrá contratado un seguro de viaje que cubrirá los gastos de su repatriación y su posterior sepelio. Otro quizás no lo haga y la familia deba afrontar estos gastos. En ocasiones, intervienen embajadas o consulados haciéndose cargo de los gastos que implica fallecer en el extranjero. Quiero destacar la importancia del buen manejo que deben tener las funerarias pues un documento mal redactado, un timbre faltante o un documento dudoso puede demorar o rechazar la entrada del féretro al país de destino. La familia puede pedir ayuda en la Embajada o Consulado correspondiente para que intervengan y sean el mediador entre la familia y la funeraria o bien comunicarse directamente con una Empresa fúnebre del país donde se encuentra el extinto, en cualquiera de los casos la funeraria debe realizar los trámites correspondientes, y no son pocos. En el caso de los migrantes resulta una jugada cruel del destino abandonar el hogar donde estuvieron toda su vida en pro de un futuro mejor y terminar lejos de su familia para fallecer desprotegidos y muchas veces indocumentados y con una familia sin recursos para ir en su búsqueda, y sin familia o alguien que sepa de su paradero terminan apilados como NN.

Afortunadamente pude consultar con dos colegas, ambos con más de 15 años de experiencia en Uruguay, quienes amablemente me explicaron la diligencia de enviar un cuerpo al exterior desde este país. Me cuentan que lo primero que se debe hacer es solicitar la conservación/formolización del cuerpo ante el ministerio de Salud Pública, coordinar el procedimiento, que generalmente lo realiza un forense. Realizar de forma urgente (así se llama el trámite), la inscripción del fallecimiento ante Registro Civil quienes otorgarán la partida de defunción, documento que debe apostillarse y legalizarse en el Ministerio del Interior. Mis compañeros hacen una breve pausa y me comentan que el apostillado es suficiente para trasladar el cuerpo solo si el país de destino forma parte de la convención de la Haya que Suprime Exigencias de Legizlación de documentos Públicos Extranjeros. En caso contrario, deben dirigirse a la Embajada o Consulado del país de destino. El “papeleo” y la formolización (en Uruguay no es común la tanatopraxia, y según me han comentado entendidos en el tema, la IATA exige inyecciones conservantes) toman entre 4 a 5 días en realizarse, lo que más demora es coordinar el flete aéreo o terrestre. Aquí interviene un despachante de aduana quien tiene la información de la frecuencia de vuelos y líneas que transportan esta valiosa encomienda. Depende de la capacidad del avión si puede llevar esta preciosa carga, hay que imaginar el volumen que ocupa el féretro, este ha sido previamente sellado. No es un ataúd común, sino uno de exportación, por dentro posee una “chapa”, una especie de caja metálica que debe sellarse con el cuerpo dentro y luego se cierra el féretro que será colocado dentro de una caja de madera con una estructura que lo mantendrá inmóvil, los huecos en el interior serán rellenados con algún material que se utiliza en embalajes comunes.

El costo del flete se calcula según el peso, hasta los 200 kilogramos es una tarifa, más de este peso implica otra cotización. El costo del servicio de repatriación es de aproximadamente unos U$S 5000, “por eso nosotros ofrecemos la cremación y que luego la familia se lleve la urna con cenizas, que son de libre circulación” me comentaban por el alto costo de un servicio de estas características. Sin embargo, comentan mis colegas “en Uruguay pueden salir libremente las cenizas pero puede que en el país de destino o en alguna conexión no permitan el ingreso de la urna por eso recomendamos legalizar toda la documentación, como la partida de defunción y, la familia debe si o si llevar una carta del cementerio dónde se realizó la cremación, debe decir que lo que se está transportando son las cenizas del fallecido”. El costo del servicio fúnebre con cremación es de unos U$S 1700. Claro que generalmente viajar significa disfrutar, conocer lugares y culturas diferentes, recorrer las calles y comer las comidas típicas, vida hay una sola y hay que disfrutarla, es una responsabilidad cuidar de ella y ante una fatalidad permitir a nuestros seres queridos llorar su pérdida y sacarles de encima la engorrosa y cara tarea de traernos de vuelta.

Las empresas funerarias, como así también las comercializadoras de servicios funerarios en sistemas de previsión o sistemas de asistencias, deberían de tener incorporada la cobertura de repatriación ofrecer este tipo de coberturas incluidas ya en sus portafolios de servicios. En los tiempos que corren, los consumidores están comenzando a apreciar estos servicios. Existen en Latinoamérica importantes holdings y redes de servicios de repatriación desde y hacia todo el mundo, ofreciendo distintas opciones de coberturas corporativas para las empresas del sector funerario.

Es muy importante que los operadores funerarios estén bien asesorados en los temas de repatriación, pues a pesar de que las normas internacionales para la operativa de repatriación de fallecidos son prácticamente similares en la gran mayoría de los países, pueden existir matices de conceptos operativos, logísticos y administrativos, por lo cual resulta necesario tener siempre una asesoría internacional disponible en su red de contactos.

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Javiera Nùñez

Uruguaya. Soy Licenciada en Artes Plásticas y Visuales, egresada de la Facultad de Bellas Artes en Uruguay. Asesora de servicios fúnebres, especialista en ceremonia exequial, tanatopractor, auxiliar forense en técnicas de autopsias y toma de muestras.
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