El Mundo

Un día cualquiera, la vida nos ha cambiado

Hoy como cualquier otro día laboral me levanté, me preparé, desayuné y me dirigí a mi trabajo; escuche una noticia aterradora en la radio: hoy 15 de marzo,  el gobierno declara el estado de alarma general en España por la pandemia mundial llamada Covid- 19; según el Ministerio de Sanidad en ese momento había 7.000 casos en España,  hoy por hoy sabemos que esa cifra nunca estuvo cerca de la realidad,  y que se contaba con muchísimos más casos,  pero eso amigos no es de lo que va mi historia.

En ese momento no sabía a lo que nos íbamos a enfrentar, sentí miedo solo de imaginar lo que podía pasar, lo que íbamos a vivir mis compañeros y yo, ya que la única referencia en relación a este tema la había escuchado por primera vez tan solo unas semanas antes como todos los demás españoles, desde una pantalla de televisión, donde se nos informaba de los cientos y cientos de muertos y contagios en Wuhan, China. Allí comenzó esta horrible pesadilla que la OMS denomino “pandemia” por el creciente número de casos fuera de ese país y la facilidad con la que se contagiaba.

Entonces, pensé en muchísimas cosas. En mi hija, mi marido, mi familia que está lejos, en los que están cerca, los más vulnerables y hasta los que ya no están.  En mis compañeros de trabajo, sí… en ellos… en Heri que no es cirujano plástico, pero aún así de vez en cuando reconstruye un rostro; en Chiara que no es organizadora de eventos y sin embargo debe aplicar sus conocimientos de protocolo en algunas ceremonias; en Adolfo que no es sanitario, pero está entrenado en los más estrictos protocolos de seguridad para casos de ébola y otras enfermedades infecciosas; en mí y mis compañeros que no somos psicólogos y aun así debemos saber cómo calmar a las personas con un ataque de ansiedad,  no somos gestores y aun así tramitamos  diversidad de documentación legal y administrativa cada día. Nuestra profesión no fue reconocida como por siglos, todo lo contrario,  éramos tabú,  sin embargo con el  paso del tiempo hemos evolucionado;  creo que ya sabéis a que me dedico… soy asesora de servicios funerarios. 

De repente, desde ese día todo se volvió gris teníamos que estar confinados por orden gubernamental, y día tras día todo iba cambiando… los niños no iban al colegio, no salían al parque a jugar; los jóvenes no asistían al instituto ni se reunían en el parque con botellas coloridas que los animara, la música dejo de sonar y las personas mayores no salían a caminar, no les podías visitar en las residencias, en los bares no servían café, cervezas o bocadillos, los restaurantes dejaron de funcionar, los coches ya no hacían presa, las playas estaban desiertas, ya nadie corría por sus orillas.

En el Tanatorio los ruidos y bullicios del pasillo cesaron. Las entradas y salidas de la capilla dejaron de ser, el llevar libros de firmas, recordatorios,  botellas de agua,  mantas, toda atención a las familias, las visitas a las salas, las peticiones de flores de familiares y amigos  para las diversas salas,  la tramitación de ceremonias personalizadas, el llamar a los párrocos y solicitar hora para una misa o responso acabo.  El teléfono que timbraba cada 10 segundos  preguntando por horas de funerales, rosarios y ceremonias de sus seres queridos dejo de sonar y de repente, todo fue silencio,  un silencio que no había escuchado nunca, lleno de incertidumbre y miedo por nuestra parte, acompañado de tristeza y dolor por los familiares que no entendían como despedirse de un ser querido sin poderle verle,  tocarle o besarle.

Entonces comenzó la pesadilla… el teléfono comenzó a sonar, y cada vez que sonaba era como una daga que se clavaba en el pecho, un caso más, otro covid-19 que sumar…o restar. Desde ese momento y hasta ahora una vez se contacta con los familiares vía telefónica preferiblemente como lo indica la ley de sanidad, si la atención es personal facilítales una mascarilla y un par de guantes e indícales que se limpien bien las manos con el gel o alcohol recomendado que les damos, recuerda mantener la distancia de seguridad, siéntate a metro y medio de distancia y utiliza los guantes y la mascarilla FFP2 (N95) para evitar contagio.

Con todo esto que ya es bastante frío desde mi percepción, pero que entiendo y acato por mi propio bien y el de mi familia; toca explicarles que: ”su familiar ( padre, madre, hijo, abuelo) está aquí,  que siento mucho su perdida pero debo informarle que no le puede ver, ya que su fallecimiento ha sido por covid-19”. Entonces, es en ese momento cuando notas en su mirada y en su forma de comportarse que el mundo se les vino encima,  porque aunque hayan escuchado las noticias en la televisión y que en el hospital les informarán con una llamada de teléfono que su familiar está en el tanatorio, ellos  siguen teniendo la esperanza que no haya sido el covid y que siendo así, al menos  tengan esos 10 minutos para verle, para despedirse de  esa persona que no ven desde hace 20 días, un fatídico día que no olvidarán nunca. Solo quedará ese momento cuando le dejaron en la puerta de urgencias del hospital con un dolor en el pecho porque no les dejaron entrar ¡estamos en emergencia general!  ¡váyanse a casa y les mantendremos informados, debemos evitar contagios! fueron las razones que les dieron.

 Ese familiar que han tratado de visitar un sinfín de veces y que el hospital por la situación actual les ha negado verle  por su propia seguridad, ese familiar que ha sido la causa de las largas horas de insomnio, de rezos y llanto, de largos minutos en espera en el teléfono esperando una noticia de aliento o esperanza, esa misma que se desvanecía en la noche tras la trágica llamada que recibió a las 03:00 de la mañana informándole: – “usted debe ir al tanatorio por la mañana porque su familiar a fallecido, lo sentimos mucho”. 

 Y ahí estas tú,  sentada frente a ellos tratando de explicar lo inexplicable,  negándoles la oportunidad de despedirse de su ser querido,  sin poder darles un abrazo,  sin poder brindarles todo lo necesario para despedir a esa persona querida y lo único que puedes decir es lo siento mucho.  Le explicas que ésta situación también es difícil para ti,  para nosotros como profesionales,  ya que ésta no es la manera que nos gustaría que se despidiera de su familiar y que también el momento que estamos viviendo resulta violento para ti.  Tratas de la mejor manera posible de tramitar la incineración o entierro, dándoles la hora para que estén informados y serles útil en lo poco que puedes, aunque sabes que no hay nada que puedas hacer para ayudar a apaciguar su dolor. Y luego vienen más familias… muchas más.

Mientras que tu das lo mejor de ti, acumulas dentro ese sentimiento de impotencia y rabia al no poder hacer en este momento lo que mejor sabes hacer, brindarles la posibilidad de despedirse de sus seres queridos con el amor y el respeto que se merecen. 

Y así un día tras otro, te vas a casa cuando termina el turno con un cumulo de emociones que sólo tú y las personas con las que compartes profesión pueden entender y entonces, en la soledad de la noche y sin que nadie te vea, lloras…lloras de dolor por las familias que has atendido sin entender por qué de está situación,  y es que seguimos siendo humanos y sentimos; lloras de impotencia por no poder cambiar las cosas, por miedo a que tus seres queridos enfermen, porque hoy tal vez no te quitaste el EPI como debías, que aunque te has duchado sigues teniendo el miedo en el cuerpo, que exista la posibilidad de contagio y puedas hacerles daño a ellos,  a los tuyos; lloras y le pides al cielo que cuide de tus ancianos y familiares de riesgo, por los que están lejos, por los que están cerca,  por los tuyos,  por tus compañeros, simplemente lloras porque debes descargar toda esa tristeza y dolor que sientes y recoges en cada caso,  y  así entre sollozo y sollozo pides en oración y de corazón al cielo que por favor pare ya,  que termine ya,  y así te duermes pidiendo fuerzas para la mañana siguiente que está por llegar, y  porque dentro de toda esa oscuridad que es el covid-19 debes estar más fuerte que nunca para serle útil a las familias que vas a atender.

Compañeros nosotros somos funerarios…somos el último eslabón de la cadena sanitaria. Para ser funerario hay que tener vocación y esmero, hacemos todo lo que está en nuestras manos para brindar y suplir todas las peticiones de nuestros clientes, cuidando hasta el mínimo detalle para que cada uno de ellos se despida de su ser querido con el amor y el respeto que se merecen.

Todos y cada uno de nosotros cuidamos atentamente de los detalles, nos mostramos cercanos, pero con el mayor de los respetos y profesionalidad. Nosotros somos humanos y entendemos por lo que nuestros clientes están pasando, porque también nosotros en algún momento hemos sido clientes y entendemos muy bien y de primera mano lo que es importante en esos momentos complicados.

Hoy vivimos tiempos difíciles, el covid-19 lo ha cambiado todo. Pero tú y yo sabemos que tarde o temprano esto va a parar y pasará, y todo volverá a ser como antes. Pero mientras tanto os pido que os cuidéis, que sigáis fuertes día a día, utilizando los EPIS y cumpliendo con los protocolos que nos impone cada organización, por duro que este nos parezca esa también es una forma para parar esta pandemia.

Yo como compañera os doy las gracias a todos y cada uno de vosotros funerarios por la encomiable labor que estáis realizando, por la fuerza y amor que demostráis, sin olvidar la valentía que esta profesión conlleva en estos momentos tan difíciles.  ¡Gracias compañeros, sois mis héroes y heroínas!

#PasionPorSerFunerario.

Mostrar más

Silvia Lilianna Méndez

España. Soy coach, lo que es para mí, el arte de trabajar con los demás para que ellos obtengan resultados fuera de lo común y mejoren su actuación. Asesora En el GRUPO ASV, donde centramos nuestro esfuerzo en ofrecer un servicio de apoyo a quienes han perdido a sus seres queridos, desde la honestidad, la profesionalidad y el respeto.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba