Interés General

¿Sembrar flores donde puede haber bosques, para cortarlas y llevarlas a tumbas de cemento?

Si pensamos en la palabra entierro, en su significado más puro y vemos en lo que se ha transformado al día de hoy, entenderemos que la industria funeraria mundial tiene un enorme desafío de cara al siglo 21 para estar a la altura. Estamos en una crisis medioambiental que nos tiene al límite del abismo, la población sigue creciendo, los espacios útiles son cada vez más escasos y el modelo vigente ya no es sostenible en el tiempo.

Las prácticas funerarias actuales son dañinas para el medio ambiente y para muchas personas, psicológicamente insatisfactorias. Los cementerios convencionales consumen enormes espacios de tierras urbanas valiosas, y los entierros tradicionales llevan décadas contaminando los suelos con toneladas de madera, barnices, concreto reforzado, metales (cobre, acero, zinc) productos químicos etc. Las tendencias de los últimos 20 años se han tornado a favor de la cremación, que ha ganado terreno por tener una serie de ventajas prácticas para los usuarios y por considerarse un proceso más económico, ecológico y simple, pero donde finalmente nos encontramos con las mismas toneladas de madera, concreto, metales y productos químicos y que además utiliza combustibles fósiles para llevar a cabo un proceso que arroja a la atmósfera 600 millones de toneladas de dióxido de carbono cada año.

Por otra parte, la Hidrolisis Alcalina ha tomado fuerza en algunos países, pero aún no ha sido bien regulada, entendida ni aceptada, pese a tener varias ventajas ecológicas sobre la cremación tradicional. Reduce en al menos 75% la huella de carbono, utiliza 1/8 de la energía requerida en la cremación tradicional, no es necesario remover marcapasos u otros accesorios, el mercurio de las amalgamas dentales no es vaporizado a la atmósfera, entre otras cosas.

A partir de esta realidad, es que está surgiendo en diversas partes del mundo un movimiento funerario verde, que está buscando alternativas nuevas y eco-conscientes. Entre los exponentes más destacados, tenemos a Susanne Wiigh-Mäsak, bióloga Sueca que creó Promessa, una empresa enfocada en el desarrollo de un método de entierro ecológico, conocido como Promation que congela el cuerpo con nitrógeno líquido y luego lo desintegra en un polvo que mediante procesos de secado, decantación y filtración, queda reducido a un abono que puede ser utilizado para plantar un árbol, entre otras cosas.

Por otra parte, está Katrina Spade, una arquitecta de Estados Unidos, que estudiando en la universidad conoció el compostaje de animales, principalmente de ganado y se preguntó si ese mismo procedimiento podría utilizarse en seres humanos. Realizó su tesis de grado en este tema, lo que derivó en el “Urban Death Project” y en el proceso de compostaje que ella bautizó como “recomposition”. El concepto es absolutamente revolucionario por donde se lo mire, pues, no solo se enfoca en el proceso mismo del compostaje, sino en una completa reestructuración de la industria funeraria como la conocemos, donde los nuevos cementerios serian modernas construcciones de diseño vanguardista bautizadas como UDP, con cápsulas modulares individuales en las que los mismos familiares podrán introducir el cuerpo de su ser querido, envuelto en una mortaja, para entrar en el proceso de compostaje.

A diferencia de los cementerios actuales, los cuerpos solo estarán de paso por estas instalaciones, para luego salir convertidos en un poco menos de un metro cúbico de tierra fértil, rica en nutrientes, que las familias podrán compartirse con diferentes fines como plantar un árbol o incluso fertilizar parques urbanos. Será una experiencia radicalmente diferente, donde la muerte volverá a tener su lugar como parte del ciclo natural de la vida y las familias se conectarán con el tema de forma más sana y luminosa.

El solo hecho de que Washington ya haya aprobado el compostaje como método funerario alternativo, habla de esto como una revolución que ya está en marcha y como en toda transformación, se requieren líderes capacitados, abiertos de mente y que entiendan que los cambios son oportunidades y no amenazas.

Gracias a Katrina Spade y otros varios innovadores ajenos al rubro, que se han atrevido a entrar para romper paradigmas y mejorar las cosas, el compostaje humano algún día será tan normal como el entierro o la cremación y quizás, eventualmente, los reemplace. Lo que los protagonistas del rubro tenemos que entender es que la industria funeraria nunca se va a terminar y será siempre lucrativa para quienes participen de ella, pero puede ser tanto o más lucrativa, haciendo las cosas bien. Esta es una época de grandes cambios, una nueva era en todo sentido y el actual modelo funerario (quienes lo manejan y cómo lo manejan) ya quedó obsoleto. Hoy la innovación tecnológica, medioambiental y social son los focos principales de cara al futuro y el funerario deberá elegir entre seguir con lo tradicional y quedar embalsamado en el olvido de un sarcófago de cemento, o adaptarse a los cambios y transformarse en un compost nutritivo que ayude a sembrar las semillas de las futuras generaciones.

Nota por: Simón Engel

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